13 noviembre 2006

El preso.

(Un cuento infernal).

Un hombre recluido en un cuarto de tres por cuatro metros, siente pasar frente a su cara junto con la fresca brisa los recuerdos de su vida.

Aún evoca como si fuera ayer, el momento aquel en que su esposa vestida de blanco lo esperaba frente del altar.

¡Qué dicha sintió, cuando el padre pronunció las palabras: “Los declaro marido y mujer”!

¡Qué feliz era al iniciar una vida familiar!

Ahora que ella está lejos de sus brazos, comprende que nunca fue suya, que en realidad era una loca, y que él nunca prestó oídos a los consejos de su padre, que mucho le decía: “La cabra siempre tira al monte”, él prefirió hacerse el sordo a los rumores de infidelidad, hasta que su propia esposa Doña Caridad, le espetó un día que ella prefería una vida de vicio divertida antes que el destino de amante esposa aburrida.

Él, solo en una ciudad que no conoce, sabe que es de día porque el sol calienta su piel, y piensa con tristeza en su familia, lejana hoy del todo de su mundo.

Ante tan triste situación, sus nublados ojos se le llenan de agua.

¿Dónde está ahora su hijo, el orgullo de su apellido?

Armando está lejos, en otra ciudad, y aunque de pronto lo recuerda y le envía unos cuantos pesos para su manutención, no desea llevarlo a vivir a su lado, su padre José sólo alteraría el ritmo de su vida.

¿Cómo lidiaría con él?, Armando se pregunta.

¡Que terrible trampa le deparó el destino a José!, él que amaba la libertad, que salía de excursión a recorrer el campo, y conocer nuevos lugares, que gozaba la vida viajando, que de no ser por el ancla que su familia constituía se hubiera vuelto nómada…

Hoy el ratón de la soledad le tiene preso y cuidadosamente le roe poco a poco los huesos y la piel, ya consiguió arrancarle los ojos para que no viera en lo que su atrofiado cuerpo se ha convertido, y ahora de vez en vez, procura descarapelarle las pocas memorias que aún conserva en el cerebro para evitarle pensar.

No hay peor fin que el de José, encarcelado en el cuartel de máxima seguridad que el roedor de la melancolía le ha dispuesto, no recibe visitas, ni mimos, ni palmadas en la espalda, nadie escucha ni comprende lo que dice; sólo de repente percibe voces de extraños que le indican que es hora de comer o de tomar tal o cual medicamento.

Cuando el tiempo es benévolo uno que otro rayo de luz se atreve a saludarlo tibiamente.

A últimas fechas a José también lo estado frecuentando el gato de la locura, que aprovecha las ausencias del ratón de la soledad para piadosamente alejarlo un momento de su gris realidad, sólo así, -razona el gato de la locura-, José dejará de sufrir.

¿Cuánto tiempo durará esta “vida” que José tiene?; nadie pude saberlo. Los médicos dicen que su ritmo cardíaco es excelente, que su presión es normal, y que no posee ninguna enfermedad que lo aqueje.

Sin embargo yo sé que en sus breves instantes de lucidez lo que lo está matando de a poco son los recuerdos lejanos de un hijo y una esposa que decidieron abandonarlo en un asilo como si fuera un mueble viejo, antes que soportar las manías de un fastidioso ciego, que para colmo de males es un hombre decente.


NaCl-U-2


Remo.

5 Comentarios:

Blogger Sivoli dijo...

Ojalá la locura termine definitivamente con el sufrimiento. Dicen que se escucha algo así como un CLICK! y te desconectas.


Saludos.

7:36 a.m.  
Blogger 315517 dijo...

¿Por qué le llaman amor cuando es en realidad es un contrato? (En éste caso al menos).

Sí José, hubiera escrito unas cláusulas prematrimoniales, ésta jugarreta no hubiera tenido lugar.

Porque necesidad y amor siempre han ido de la mano.

O_o

12:38 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

uy, que gacho... pero si conozco algunos casos de esos :( cuando yo sea viejita, antes que me abandonen... los dejo! ah pero como no!

2:44 p.m.  
Blogger ka! dijo...

ammmm..pensé un poco en esas paredes que levantamos alrededor de nosotros y de las que las levantan los terceros..

En lo particular a últimas fechas detesto las murallas...y comienzo a detestar ese autoencierro en el que me he puesto últimamente..

tanto que platicar amigo mío!..saludos.

7:38 a.m.  
Blogger Pato dijo...

Que triste y lo peor es que ni se puede morir el pobre hombre.

Buen post y pues aqui seguimos

SALUDOS!!!

4:24 p.m.  

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