07 febrero 2006

Guadalajara, Guadalajara…

Heme aquí de nueva cuenta, después de un viaje excelente a “La Perla de Occidente”, esa ciudad preciosa que tenemos en este país que se llama Guadalajara, en este texto intentaré resumir mi viaje de fin de semana.

El viernes por la tarde me encontraba en la central camionera con mi boleto en la mano, me esperaban dieciséis horas de viaje, como siempre que tengo oportunidad obtengo el boleto del asiento número uno, sabido es que los boletos, uno, dos, tres y cuatro tienen mayor espacio para estirar las piernas.

Abordé el autobús y una chica muy campante estaba ocupando mi asiento, así que muy correctamente le dije mientras acomodaba mi mochila en la porta gavetas:

Yo: Hola, buenas noches, ¿También a usted le dieron el boleto del asiento número uno?

Ella: - ¿A poco usted va a aquí?

Yo: - Sí, así es, - Y saqué el boleto para que lo viera.

Ella: - Ay, no sea malito, déjeme este asiento.

Yo: - Mire, la verdad yo compro mi boleto desde un día antes por que prefiero de todos los asientos el número uno ya que tiene ventanilla y mucho espacio para estirar las piernas, además la televisión cerquita.

De mala gana la chica se sentó en el asiento número cinco, sólo para que cuando subiera el pasajero con ese número la quitara nuevamente, y entonces comprendió que:

1.- El chavo del asiento número cinco y yo éramos unos cascarrabias amargados, y mamones o:

2.- Que definitivamente la estaba regando con caprichitos de niña estúpida y fue a sentarse en su asiento que era el número quince.

Me acomodé plácidamente y al rato subió la chica del asiento número dos, iniciamos plática rápidamente y resultó una chica muy agradable que viajaba hasta Camargo, Chih.; el resto del viaje lo realicé sin compañero de viaje con los dos primero asientos para mí solo, a gusto.

¿Qué creen que me pasó en Aguascalientes?, pues algo extraño, siempre llevo una bolsa de plástico colocada en la red que va pegada enfrente de los primeros cuatro asientos, la cual contiene siempre en mi caso: dos manzanas (mi desayuno preferido cuando voy de viaje), un litro de agua (por aquello de la deshidratación en el trayecto), un litro de jugo de naranja (para acompañar las manzanas), dos chocolates (para iniciar un día con energía), una botella de café capuchino frío (para despertar en lo que resta de un viaje largo) y dos paquetes de galletas (nada más para que hagan bola en el estómago y yo aguante hasta que el chofer del camión se detenga a desayunar). Pues bien durante la noche iba tan dormido que al despertar en Aguascalientes mi bolsa con los víveres no estaba en ninguna parte, preocupado recordé mi sueño (Ver comentario anterior), y dije:

- ¡Chin!, ¡Ya me la volaron! – Incliné la cabeza para buscar debajo del asiento, en el pasillo y nada. En eso la chica que iba en el asiento cuatro me dice:

- ¿Buscas una bolsa?

- ¡Sí!

- El chofer la recogió porque rodó hasta la cabina, y la puso allá, mira. – Y me señaló una bolsa muy acomodadita a un lado del chofer en el asiento del copiloto, me levanté y me la llevé a mi lugar.

¿Cómo ven?, fue lo más grave que me pasó.

Llegué a Guadalajara a las 11:30 A.M., en cuanto descendí, el calor de ese clima sub tropical húmedo me recibió gustoso, guardé mi chamarra en la mochila y me dispuse a esperar a mi amigo Saúl que venía por mí.

- Ah, ¡Esto es respirar!, mi alergia chihuahuense se esfumó como por encanto ante el aire tapatío.

El Zaquis o el Zuli, que es como le digo a Saúl, es uno de los amigos más alegres que tengo, siempre canta, se ríe, cuenta anécdotas, chistes, le dice piropos a las chicas guapas, y vuelve a cantar, en fin que este bato siempre trae una fiesta en su cerebro y lo contagia a uno de alegría y buen humor, por eso me cae tan bien.

Nos fuimos como de rayo a su departamento, porque yo necesitaba darme un baño, en eso me habló mi cuñado Raúl, (Quien en compañía de mi hermana Priscila también andaban en Guadalajara) y me ofreció tres boletos gratis para ir a ver a Las Chivas.

Zuli y yo no perdimos tiempo, le hablamos a Fermín y a Martín (Otros dos amigos igual de desmadrozos), para ir al estadio Jalisco, pero sólo Martín nos acompañó, por supuesto que para cuando Fermín y Martín llegaron al departamento ya estábamos con un cartón de cerveza, la situación fue así:

Yo: - ¡Qué calor hace aquí en Guadalajara!

Zuli: - Sí, mi Remo, aquí el sol está sabroso.

Yo: - ¡Qué sed tengo!

Zuli: - ¡Qué pues mi Remo!, ¡Disculpa cabrón!, – Y se lanzó como rayo manejando hacia un expendio de cerveza.

Yo: - Ja, ja, ja, por más indirectas no captabas.

Zuli: - Ja, ja, ja.

Nos fuimos al estadio Jalisco y la fiesta estaba en grande, en el primer tiempo Las Chivas anotaron el primer y único tanto del partido, pero eso fue suficiente para que todos gritáramos: ¡¡¡Gol!!!, se armó la ola en todo su esplendor y todos bailando y cantando bien contentos. En el segundo tiempo San Osvaldo desvió con la mano un tiro de Los Tigres, y cuando el balón le iba a caer al delantero con el pie derecho sacó un balón que ya era un gol cantado, el estadio no se cayó de milagro entre aplausos y gritos de ¡Portero!, ¡Portero! Las barras de Los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León no dejaron de apoyar a su equipo, y ahí fue cuando comenzamos a cantar:

Martín, Saúl y Yo: - ¿En dónde están?, ¿En dónde están?, ¡Esos gatitos que nos iban a ganar!, ¿En dónde están?, ¿En dónde están?, ¡Se la pelaron, ya se van para el volcán!

Nota: Para los que no saben mucho de fútbol, es ofensivo decirle gatito a un tigre, eso es menosprecio y ridiculización, y el volcán es el estadio en donde juegan Los Tigres de la U.A.N.L. allá en Monterrey.

En esto estábamos de fiesta cuando al calor de las cheves, grita Martín:

Martín: - ¡Pinches norteños!, ¡Chinguen a su madre!

Yo: - ¿Qué pasó cabrón?, Chihuahua está más al norte que Monterrey. – Fingiendo enojo.

Martín: - ¡No güey!, ¡Chihuahua está al sur de Estados Unidos, y Monterrey en el norte de México!, - Dijo todo rojo y lleno de vergüenza.

Saúl y Yo: - Ja, ja,ja.

Yo: - (Pensando solamente). Me gustó la frase, me gustó...

De ahí salimos y nos fuimos a comer una buena birria en las afueras del estadio, al tiempo que departíamos con otros comensales que se extrañaban de que yo fuera hasta Guadalajara nada más a ver a Las Chivas, (En realidad no era así, pero ya saben como me gusta hacerme el interesante a veces), no paraban de preguntarme del clima por acá, de lugares turísticos, y de magnificar mi apoyo al “Rebaño Sagrado”.

Como buen chihuahuense, les hice mi mejor descripción de mi estado, "El Estado Grande", de la Sierra Tarahumara, de Las Barrancas del Cobre, de Majalca, de nuestra herencia Rarámuri o Tarahumara, que aquí excomulgaron y fusilaron a Miguel Hidalgo, que en Parral mataron a mi general Francisco Villa, etc.

¡A huevo!, ¡Hay que atraer turismo!. Y aclaro que le voy a todos los equipos de fútbol de México, (Bueno, más cargadito hacia los Pumas de la U.N.A.M.) excepto a esa cosa amarilla llamada Amiérdica, perdón digo América y a su “hermanito” menor el Necaxa.

De ahí nos fuimos a ver al papá de Martín, que estaba en un hospital. Íbamos bien entrados cantando rolas de El Gran Silencio y de repente en un alto en rojo, me dice Saúl:

- ¿Qué onda mi Remo?, ¿Nos bajamos a bailar?

- ¡No me conoces Zuli!

Y que se bajan del carro Zuli y Martín a bailar una mezcla de “slam” con pasos de “ska”, mientras el semáforo cambiaba a verde, los carros de enseguida sólo se nos quedaban viendo bien feo, excepto un taxista ya mayor, que nos hizo una seña como de: “Ah, juventud, divino tesoro”, con su dedo pulgar alzado hacia el cielo.

Llegamos a Ixtlahuacán de los Membrillos, un pueblo que me encanta porque es el Jalisco antiguo, calles empedradas, no, no, no otro rollo, y lo mejor, no está contaminado por turistas, dejamos mis maletas en la casa del Zuli, y órale a seguir la parranda, cabe aclarar que no me partí la madre de milagro, porque andaba ya tan “alegre”, que al bajar las escaleras de la casa de Zuli, no “vi” un escalón y descendí dando vueltas acostado. Zuli se asustó y yo me levanté atacado de risa, la cosa no pasó a mayores, rodé tan uniformemente que ni siquiera un moretón tengo.

Salimos nuevamente, y nos estacionamos en la plaza, me dice El Zuli:

- ¡Qué mi Remo!, mueve el carro, porque ahí anda un amigo que no quiero saludar y no quiero que me vea.

- ¡No manches, en lo ajeno cae la desgracia!, ¿No ves cómo ando?

- ¡Nomás cámbialo de lugar!

- ¡Órale!

Me subí al carro, lo encendí y en un arranque de locura, (Qué raro en mí) que me dediqué a visitar medio pueblo.

Al rato llego y me estaciono:

Martín: - ¿Dónde andabas?

Yo: - Pues me di una vuelta por el pueblo, ah por cierto, por allá hay un salón y hay una boda o quinceañera.

Martín: - ¿Te metiste en sentido contrario?, ¡La calle de ese salón va a la inversa de cómo venías!

El Zuli y Yo: - Ja, ja, ja.

El domingo nos fuimos a Jocotepec bien temprano, no sin antes probar las jericallas (Qué cosa tan deliciosa), en Joco tuve oportunidad de conocer a una bellísima chica llamada Doris. De ahí nos fuimos a Ixtlahuacán otra vez, porque Zuli tenía juego de fútbol, se la aventó de portero, así todo crudo, me ofrecieron entrar a jugar, pero yo preferí rematarme dos cervezas modelo en la sombrita. Luego rumbo a Guadalajara otra vez, llegamos a un restaurante y típico en mí:

- Señorita, me trae una torta ahogada por favor.

- ¿Bien ahogada señor?

- Lo más ahogada que pueda, ah y me trae una soda, la más dulce que tenga.

- Perdón no le entendí lo último.

- Una soda, un refresco quiero decir. (En Jalisco no son sodas, son refrescos).

Está por demás decirles que lloré, en serio, las tortas ahogadas, son sumergidas en salsa picante. (Niños no lo intenten en casa), también hay tortas medio ahogadas, pero yo prefiero las totalmente, eso de ir a Guadalajara y no comer tortas ahogadas o birria es como no ir.

Al rato llegó Martín al restaurante, y fuga, vámonos a Tequila, ¡Ay, ay, ay!, ¡De Cocula es el mariachi de Tecatitlán los sones, de Tequila su mezcal!...

Hubieran visto aquello, lugar que llegábamos y nos ofrecían cuatro caballitos de tequila, que si éste tiene un mes, que éste otro tres meses, que si éste un año, que aquél dos años, la verdad nada más de probarlos me puse bien “alegre” nuevamente.

Compramos diez litros, cinco para el Zuli y cinco para mí, ¡Claro!, ¿A poco pensaban que no iba a traer?, y la señora bien buena onda nos regaló otros dos litros por la compra, mismos que marcharon jubilosos a la guerra esa noche en Chapala. Lo que se me hizo bien buena onda, es que te venden el tequila del mismo barril de donde te dan a probar, así a la vista pública, yo como iba acompañado de dos expertos, preferí que ellos eligieran el tequila. Esa noche tomé tequila puro, nada de mezclar esa sublime bebida con soda o agua, sólo así se aprecia estar en esa bendita tierra.

Y es que el tequila verdadero no contiene tanto alcohol, si le acercan un cerillo no se enciende, tiene un sabor dulzón, un color más café entre más añejo sea y lo más importante, no me hace cruda.

Las noches en Chapala son una fregonada, la laguna está casi totalmente recuperada, su nivel de agua no es el mismo al que tenía, como cuando fui hace tres años, se encuentra en plenitud, cosa que me alegró bastante. Cante y cante, nos acabamos el primer litro de extracto de agave, bajo un cielo lleno de estrellas y una brisa cálida proveniente de la laguna. ¡Ay, ay, ay!, ¡Laguna de Chapala!...

Ya serían las dos de la mañana cuando llegamos a Ixtlahuacán divisamos un puesto de taquitos y al ataque mis valientes, llegamos y El Zaquis y yo pedimos una orden de tacos, mientras que Martín:

Martín: - Buenas noches, me da un lonche de jamón.

El Zaquis: - Ja, ja, ja, no manches cabrón, estás viendo que sólo venden tacos y tú con tus extravagancias.

Yo: - Ja, ja, ja.

El lunes, otra vez a turistear por el centro de Guadalajara y el mercado de San Juan de Dios, pero antes pasamos por la novia de Saúl a un pueblito donde me ejecuté un vasote de tecuino, ¡Qué manjar!, eso es bien refrescante, especialmente para los crudos…

Está por demás decir que aproveché el mercado para contactar un nuevo proveedor de camisas rockeras.

Andábamos por el Teatro Degollado en pleno centro tapatío, cuando otra vez el Martín:

Martín: - Yo una vez vine a tocar en este teatro.

Fermín: - ¿Neta?

Martín: - ¡Sí!, ¡Pero no me abrieron la puerta los desgraciados!

Fermín, Saúl, Socorro, y Yo: - Ja. ja. ja.

No, no, no, andar en compañía de esos batos es andar en una borrachera psicológica todo el tiempo.

De ahí a la central camionera y como dijo el ginecólogo: “Parto con dolor”, en serio cada vez que voy a Guadalajara se me hace más difícil regresar a mi tierra. Nunca, oigan bien, nunca, pero nunca de los nuncas, nunca (Como diría una compañera de trabajo), he recibido un mal trato o mal gesto de una persona de Jalisco, además, el clima tan benévolo, lo barato que es la vida allá… Si algún día tengo mucho dinero, además de comprarme una casa en Guanajuato y otra en Isla Mujeres voy a construir otra cerca de la Laguna de Chapala, eso está más que decidido, así que me urge sacarme la lotería.

Abordé mi camión rumbo a Chihuahua, y ¡Zas!, mi asiento, (El número uno, ya estaba ocupado por una chica, que a leguas se le veía que no era mexicana), ¡Pero que obsesión con ocupar mi lugar!

- Hola buenas tardes, disculpe pero ese asiento es el mío.

- Oh, perdone, me cambio de inmediato. (En perfecto español pero con un dejo de inglés). -Eso de identificar los acentos es mi pasatiempo favorito-.

- ¿Hasta dónde viaja?

- Voy a Juchipila.

Agarramos una conversación bastante interesante, y resultó que ella era originaria de Durango, pero desde los seis años se la llevaron a vivir a Chicago, ahora ella es propietaria de una agencia de viajes en Fort Worth, Texas.

¡Mi mero mole!, no paramos de hablar de viajes hasta que ella llegó a su destino, me dio su tarjeta y por supuesto que me voy a comunicar con ella en cuanto pueda.

Sólo recuerdo que un letrero decía: “Zacatecas 54 kilómetros”, me dormí y cuando desperté, vi una estructura de cemento, pensé, ya llegamos a Torreón, Coahuila, cerré los ojos nuevamente, el autobús se detuvo y el chofer dijo: “Delicias”, ¡Ah, jijos!, ya estoy a una hora de Chihuahua, me puse a sacar cuentas, y fácil me dormí más de ocho horas. Me pasó literalmente de noche, Zacatecas, Fresnillo, Cuencamé, Torreón, Jiménez, y Camargo. Es más a lo mejor hasta hubo algún retén militar pero ni cuenta me dí. Por eso me gusta viajar de noche, cierro las cortinas de la ventana, me ajusto mi collarín en el cuello, me pongo mis tapones anti-ruido en los oídos, me coloco el cinturón de seguridad y me duermo como roca, (Que los demás se aguanten mis ronquidos, si es que los hago, y ellos no se duermen), zzz.

En Delicias, bajé del camión envuelto en mi chamarra y de inmediato fui recibido por el frío abrazo del clima semi-desértico seco de mi tierra, dicen que estábamos a dos grados centígrados bajo cero (-2º C), les creo, porque hasta la sonrisa se me congeló.

Llegué a la central camionera de Chihuahua a las 06:30 de la mañana, (Tiempo de Chihuahua) y me dirigí al baño para “disfrazarme” e irme al trabajo, en cuanto entré me llevé una sorpresa mayúscula, estaba lleno de personas, algo decían entre sí pero se callaron en cuanto entré. Fácil había unos treinta hombres en ese lugar.

Elegí el último de los lavabos y extraje mi cepillo, gel, etc. Total que hasta me “travestí” en un dos por tres, ja, ja, ja (Eso de travestirme es broma, así digo cuando me voy a poner ropa deportiva o formal, como en esta caso, no piensen que me pongo ropa de mujer). Los individuos no dejaban de mirarme, hasta me puse nervioso, y me dije:

- ¡Ah, chingado!, ¿Y si les gusto y me quieren dar violín?

Mis temores desaparecieron, porque cada vez que volteaba a verlos bajaban la mirada. Observándolos bien, todos presentaban rasgos acusadamente indígenas, los oí cuchichear y rápidamente entendí su acento a la perfección, (Les digo que eso de los acentos es mi pasatiempo favorito), comprendí de inmediato que eran indocumentados centroamericanos. ¡Se refugian en el baño mientras sale su camión rumbo a la frontera!, ¡Pobrecillos!, ¡Cuánto estrés y temor deben de tener!

Nunca tendría el valor de denunciarlos, soy un cobarde. Esa gente lo único que busca es mejorar sus vidas exponiendo incluso las propias, aquí sólo están de paso, no me hacen daño, ni tampoco a mi país. Hubieran visto con que timidez cortaban un poco de papel de baño o abrían una llave de agua para alisar su cabello, tenían miedo de hacer ruido, tenían temor de mí. Salí de ahí y sólo se me ocurrió sonreírles y decirles en voz alta:

- ¡Buena suerte a todos! (Bueno, no tan en voz alta).

Este tema de los indocumentados ya lo comentaré ampliamente en otro texto, porque no es la primera vez que los “ayudo” no denunciándolos, como dije anteriormente soy muy cobarde para hacerlo, llegar desde su lugar de origen hasta Chihuahua para ellos es un trauma, como para aumentarles sus desgracias, porque alguien los denunció anónimamente, no, definitivamente no tendría yo el valor de hacerlo...

Por lo pronto y para no desviarme más del tema:

¡Gracias Guadalajara!, ¡Gracias Perla de Occidente!, un muy agradecido hijo de La Señora del Desierto (Chihuahua), promete firmemente retornar en un futuro.

Saúl, Martín, Fermín y Socorro, la pasé excelentemente bien en su compañía, ojalá tenga oportunidad de retribuirles esa deferencia acá en Chihuas.

Rigo, me dicen que te fuiste a trabajar a México, D.F., lástima, me hubiera gustado saludarte.

Meny, igual, me hubiera mucho gustado verte en tu elemento, en tu ciudad, de todos modos recibe un abrazo hasta donde estás, allá en Alemania.

Y aquí termina “el resumen” de mi maravilloso viaje. Y eso que no conté que fuimos a una discoteca, ni la sesuda plática de leyes en casa de Martín, el griterío que teníamos al ver el "Super Bowl" o la visita a la casa de Fermín, entre otras varias actividades.

¡Y así es la peladez!


Na-Cl-U-2


Remo.

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