03 abril 2006

¡Sép-ti-mo!, ¡¡Sép-ti-mo!!, ¡¡¡Sép-ti-mo!!!

Cuando el reloj iba a marcar las doce campanadas la noche del 31 de Diciembre de 2005, mis propósitos de año nuevo sólo eran dos, así que mientras apuradamente degustaba las doce uvas, pensaba:

1.- Hacer ejercicio constantemente este año, y

2.- Viajar por mi país.

Así, repetí seis veces cada una de esas frases.

A partir del mes de Enero comencé a asistir regularmente a clases de aeróbicos de 7 a 8 de la noche y de 8 a 8:30 de la noche a clases de baile, los días lunes, miércoles y viernes.

En los últimos días del mes de Febrero mi amigo Álvaro-que conocí en los aeróbicos- me propuso que entrenáramos adecuadamente para que en Octubre de este año participáramos en la carrera del 21 K Oxxo, carrera de medio maratón que patrocina esa cadena de tiendas, por supuesto que acepté, y durante todo el mes de Marzo comencé a prepararme para correr, pues bien, al término del mes de Marzo ya corría yo muy bien los 4 kilómetros, bajo la guía experta de Alvarín, porque él si tiene ya mucha experiencia en este tipo de eventos, así completé la semana de ejercicio, porque martes, jueves y sábado comencé a correr.

La semana pasada nos enteramos que El Club Rotario de Chihuahua, estaba organizando su tradicional carrera de 10 kilómetros, pero al mismo tiempo, iba a llevar a cabo una carrera de 3.5 kilómetros para principiantes, ni tardo ni perezoso me inscribí a ésta última, mientras mi mentor lo hacía a la primera.

Esa competencia se llevó a cabo el día de ayer, aquí la crónica de todo el recorrido.

Obviamente mi idea de correr no era ganar el primer lugar, consciente estoy de que soy un novato, y me faltan años luz para ocupar ese puesto, es más quizá no lo ocupe nunca, pero yo corro por el beneficio de mi salud, no para ganar, así que mi meta era llegar dentro de los primeros cincuenta participantes, (quienes me conocen saben, que siempre me trazo planes alcanzables), mi número de participante era el 704.

La carrera comenzó ayer domingo a las 8:30 de la mañana, desde los primeros 200 metros supe perfectamente quien iba a ganar la justa, yo corría en ese momento en el lugar 22 aproximadamente, después de los primeros 500 metros me ubiqué en el cuarto sitio, a esas alturas yo iba muy rápido, es la mejor salida que he tenido en toda mi vida (contando los entrenamientos previos), cuando llegamos a los 1,000 metros El Zórpilo fue desplazado de mi mente por Remo, quien sabiamente dijo:

- “De seguir este ritmo, vas a tronar tu cuerpo, mejor cálmate agarra tu ritmo respiratorio, y coordínalo con tus pies”.

Y es que con la emoción, los aplausos de la gente, uno se deja llevar fácilmente por las emociones.

En ese momento el primer lugar lo ocupaba un señor de unos 40 años delgadísimo y con una zancada impresionante, el segundo lugar lo llevaba un jovencito de unos 18 años, con pasos cortos pero muy rápidos, y el tercer lugar, era otro señor de unos 45 años de esos que uno al verlo correr dice, este lleva años practicando estas carreras, fácilmente me llevaban unos 150 metros de ventaja.

Llegué a los 2,000 metros y empecé a escuchar unos zapatos tenis que golpeaban muy rítmicamente el suelo detrás de mí, era una pareja de novios que tienen mucho tiempo corriendo juntos, ella al ritmo de él, vestidos de color azul, igualitos, me pasaron lentamente y yo seguí corriendo a mi propio paso.

Al acercarme a los 3,000 metros mi estado de ánimo y mi físico comenzaron a descender al infierno, tenía la boca seca, la legua me pesaba, mis ojos resintieron la salobridad de mi frente y estuve tentado a comenzar a caminar y a abandonar la competencia, sin embargo, Remo salió de mi mente, y René ocupó su lugar diciéndome:

-“Quiero, puedo y debo terminar esta carrera”, Quiero, porque en mi cerebro repicaron las doce campanadas del pasado año nuevo, así que estaba haciendo algo que realmente deseaba. Puedo, porque aunque quizá comience a trotar tengo fuerzas para terminar. Debo, acabar por mi orgullo personal, por mi honor, y porque en mí subsisten gotas de sangre Rarámuri, en humilde homenaje a ellos es que lo voy a hacer.

Seguí corriendo y ya sólo me faltaban 500 metros para terminar, la carrera llegaba a su fin con una vuelta de 400 metros dentro del estadio olímpico de la ciudad deportiva, justo ahí corrió Ana Gabriela Guevara el año pasado.

Entré al estadio justo en el momento en que un chico de 14 años se emparejó a mí, intenté con toda mi fuerza darle pelea, la gente en las tribunas comenzó a aplaudirle al jovencito, porque estábamos protagonizando un cierre, continuamos corriendo al parejo unos 20 metros más, era algo como David contra Goliat, con mis 1.83 metros de estatura y mis 80 kilogramos de peso, parecía un gigante junto a un adolescente de 1.60 metros de estatura justo en ese momento René salió de mi mente, para que Remo me dijera:

- “Déjalo ir, sabes cuales son tus límites, y la velocidad que ese chavo tiene no la vas a superar, un séptimo lugar no está nada mal para quien corre por primera vez en su vida una carrera de este tipo”.

El Zórpilo iba a decirle al chico que tenía una zapatilla desabrochada, quizá con eso el joven se distrajera, también estuvo a centímetros de pisarle un talón para zafarle el tenis, pero Remo intervino a tiempo, y evitó la sucia maniobra.

Desistí del duelo y continué corriendo a mi velocidad normal, juro por mi Dios que esos 400 metros que Ana Guevara corre en menos de un minuto, para mí fueron siglos eternos, ahí bajé por segunda vez al infierno, el sudor perló mi frente, las piernas comenzaron a flaquearme y nuevamente comencé a decirme:

- “Quiero, puedo y debo hacerlo. Quiero porque este fue mi propósito de año nuevo. Puedo porque así sea trotando, caminando, a gatas o arrastrándome voy a llegar a la meta. Debo porque todas estas noches de entrenamiento no pueden irse en vano, por la memoria de mis ancestros va el resto de mí.

Así que mandé al diablo el infierno emocional y físico que sentía y llegué a la meta con la frente muy en alto, ¡Sí señor!

Me recibió un entrenador cubano que me decía:

- ¡Siga caminando, siga caminando!, ¡Denle su medalla de séptimo lugar!, ¡Vaya al centro del estadio, allá hay bebidas refrescantes!

¡Estoy sumamente orgulloso de mí!, Ese séptimo lugar para mí es un oro olímpico.

Ya un poco repuesto, me acerqué al jovencito que me rebasó en la última instancia y lo saludé y felicité sinceramente.

Luego llegaron mis amigas de los aeróbicos a echar relajo, Lolita y sus dos retoños, Cythia y Lucy. Alvarín que corrió los 10 kilómetros llegó en el puesto 31.

Es increíble la cantidad de endorfinas que mi cuerpo comenzó a producir, a partir de ahí no paré de reír, contar mis pésimos chistes, cantar, bailar, etc. Por todo el día...

Álvaro y yo hicimos los estiramientos de músculos debidos bajo la experta guía de una doctora en fisiatría que nos indicó la manera de no amanecer adoloridos al día siguiente.

¿Saben una cosa?, creo que me volví adicto a esto.

Nos invitaron a participar en mayo en una carrera de 10 kilómetros, pero para ser honesto no creo estar preparado todavía para resistir esa distancia, quizá en esa fecha corra yo uno 7 u 8 kilómetros, pero 10 ni soñarlo, luego nos aclararon que en Junio va a haber otra, así que para Junio yo creo que esa sí estará más a tono con mi preparación.

Los voluntarios de la Cruz Roja nos tomaron la presión, mi resultado fue 120/60, me dijeron que es muy buena, (Sonia, necesito tu interpretación), ya ves que eres mi doctora de cabecera.

En la noche me tomé dos aspirinas para amortiguar el dolor de hoy, el cual apaciguaré hoy en la noche en la clase de aeróbicos.

Nunca en mi vida había realizado un esfuerzo físico tan abrumador, por ello me reafirmo en decir:

“La religiosidad es para quien tiene miedo de ir al infierno, la espiritualidad es para quienes ya hemos estado en él”.

Así concluye el relato de este evento, en la que literalmente corrí con mi alma, mi cuerpo y mi corazón.


NaCl-U-2


Remo.

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